lunes, 21 de mayo de 2012

Sobre gustos no hay nada escrito.


Bueno, aquí estamos otra vez: hoy toca metodologías educativas. En fin, vamos allá.

La verdad que yo soy muy clásico en lo que se refiere a la educación de idiomas: me gusta trabajar bien la gramática, memorizar vocabulario (aunque no tiene porque ser memorizando listas, claro está) y después, pues ya nos pondremos a trabajar las diferentes habilidades/skills/llamémoslo “x”. Pero también he de decir que he tenido muchos profesores de idiomas que han utilizado muchas metodologías diferentes. En inglés siempre ha sido algo tipo enfoque oral y situacional/comunicativo/CCL (diría que es una combinación extraña, pero realmente no lo es: enfoque oral a grandes rasgos y sanseacabó).

También he “sufrido” otras metodologías más clásicas (por decirlo de alguna forma). Algo de latín se, aún me acuerdo (gracias a ello me gano un dinero) y me ha servido para poder traducir mejor en estos tiempos que corren en los que traducimos sin tener ninguna base pre(caria)via. De castellano y catalán... en fin, eso es indescriptible después de veinte años haciendo clases de lengua; y en lo que se refiere a francés, mis clases siempre han tenido un enfoque oral y situacional principalmente.

Hasta aquí puedo leer hoy, pero para resumir: me encanta aprender gramática. Sin ella me siento bastante manco, la verdad. Pero sobre gustos no hay nada escrito (a lo que mi profesora de catalán durante bachillerato una vez me respondió: Això és mentida. Hi ha moltíssimes coses escrites sobre gustos i qui digui això deu ser retrassat mental o alguna cosa per l'estil).

Pic: como la cosa va de gustos, ahí va lo que más me gusta en el mundo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Dios aprieta, pero no ahoga.


Lo dicho, Dios aprieta pero no ahoga. ¿Qué quiere decir esto? Que una mala experiencia a través de la psicología conductista en un colegio religioso no es el fin del mundo, aunque en el momento... ¿como decirlo? Te toca los genitales. En fin, que no tuve una muy buena experiencia con el método conductista. La verdad, no considero que el hecho de no saber leer ciertas palabras a la edad de cinco años sea excusa para aislarte en una clase de cara a la pared y diciendo de una forma políticamente correcta que eres retrasado. Pero bueno, religiosas severas hay en todos lados, por desgracia.

Volviendo al principio: no ahoga. Después de haber pasado ciertas situaciones incómodas (por así decirlo) durante una edad temprana y una educación de idiomas bastante mediocre, llegó el momento de respirar. El uso de teorías socioculturales en mis clases de inglés hizo que se me apareciera Dior en lo que se refiere a mi aprendizaje de idiomas. Clases en las que todo era oral, comparar con compañeros, juegos de rol, aprendizaje a través de los errores propios y del resto y, sobretodo, una profesora totalmente implicada. Algún punto conductista tenía la cosa, pero bueno, solo nos tiraba chuches al vuelo cuando hacíamos algo bien (es más gracioso si se tiene en cuenta que la persona más joven de la clase tenía diecisiete años).

Y esto es todo amigos: ya veis que las teorías socioculturales me dejan respirar mínimamente.

Pic: los de la foto somos los que formábamos la clase de inglés (obviamente, la mujer que está en medio es la profesora).

domingo, 13 de mayo de 2012

Ave Pedrolum, morituri te salutant


Bueno, después de haberle dado unas vacaciones al blog (pobrecito mío, me suplicó que le dejase descansar un poco), hoy volvemos a salir a escena. Y, contrastando totalmente con la entrada anterior en la que se hablaba de mi aprendizaje del francés con la revista ELLE, pasamos a como llegué a traducir textos en latín sin tener ni idea de ello.

La verdad que, después de estar en clase escuchando las diferentes teorías, pensé: “Madre mía, qué profesor puede enseñar un idioma a través de la metodología de la gramática tradicional... Ah, sí, cualquiera de los que enseñan latín.” Y tal cual, hoy he estado rebuscando mis apuntes y encontré mi librito de declinaciones de nombres, adjetivos, verbos, preposiciones de función excesivamente ambigua, etc. Pero bueno, también he de admitir que me encantaba estudiar latín: eso sí, sólo la gramática. En lo que respecta a la cultura latina/romana/clásica/llamémoslo t de tostón, no me apasionaba mucho que digamos. La verdad que la lectura de mitos, narraciones de guerra, asedios y demás acontecimientos no era mi pasión.

En fin, que aprendíamos latín a base de traducir textos de gran renombre y tradición literaria, en ningún momento se habló de como se pronunciaba alguna de aquellas palabras (Dior nos libre de ello, no creo que sea muy fácil pronunciar algo que ha dado paso a tantas lenguas) y siempre haciendo análisis exhaustivos de las estructuras y las formas en qué podíamos traducir.

PD núm.1: El título significa Hola Pedrola, los que van a morir te saludan
PD núm.2: Pedrola es el apellido de mi profesor de latín
PD núm.3: Sí, ya lo se. Le pegaba bastante teniendo en cuenta que era profesor de latín y de historia.