domingo, 13 de mayo de 2012

Ave Pedrolum, morituri te salutant


Bueno, después de haberle dado unas vacaciones al blog (pobrecito mío, me suplicó que le dejase descansar un poco), hoy volvemos a salir a escena. Y, contrastando totalmente con la entrada anterior en la que se hablaba de mi aprendizaje del francés con la revista ELLE, pasamos a como llegué a traducir textos en latín sin tener ni idea de ello.

La verdad que, después de estar en clase escuchando las diferentes teorías, pensé: “Madre mía, qué profesor puede enseñar un idioma a través de la metodología de la gramática tradicional... Ah, sí, cualquiera de los que enseñan latín.” Y tal cual, hoy he estado rebuscando mis apuntes y encontré mi librito de declinaciones de nombres, adjetivos, verbos, preposiciones de función excesivamente ambigua, etc. Pero bueno, también he de admitir que me encantaba estudiar latín: eso sí, sólo la gramática. En lo que respecta a la cultura latina/romana/clásica/llamémoslo t de tostón, no me apasionaba mucho que digamos. La verdad que la lectura de mitos, narraciones de guerra, asedios y demás acontecimientos no era mi pasión.

En fin, que aprendíamos latín a base de traducir textos de gran renombre y tradición literaria, en ningún momento se habló de como se pronunciaba alguna de aquellas palabras (Dior nos libre de ello, no creo que sea muy fácil pronunciar algo que ha dado paso a tantas lenguas) y siempre haciendo análisis exhaustivos de las estructuras y las formas en qué podíamos traducir.

PD núm.1: El título significa Hola Pedrola, los que van a morir te saludan
PD núm.2: Pedrola es el apellido de mi profesor de latín
PD núm.3: Sí, ya lo se. Le pegaba bastante teniendo en cuenta que era profesor de latín y de historia.

martes, 24 de abril de 2012

Bienvenu/e!


Bueno, mesdames et messiers, sean bienvenidos al Cirque de Javi. Sí, me gustaría empezar con la última lengua que empecé a estudiar ̶ valga la redundancia ̶ : el francés. La verdad que comencé a estudiarlo porque me encanta como suena: tan meloso, tan recargado, tan de...

  • Bonjour*, soy de Paris*, ciudad del amor* y de la moda*
      (Pronunciense con acento francés las palabras acompañadas de un asterisco)

Resumiendo, que me gusta mucho. Pero, siguiendo con lo previsto, mejor os explico como comencé a estudiarlo y tal. La primera clase que tuve fue en segundo de la ESO y en ella nos enseñaron a presentarnos y hacer unas cuantas preguntas básicas, poco más. Durante aquel curso y el que vino después, utilizamos unos libros llamados Action! XXI, que no estaban nada mal: mucho trabajo de pronunciación, listenings, cómics, etc. Pero en cuarto de la ESO todo cambió. Los ex-alumnos de esa asignatura de francés la llamaban sauvage: Sílvia, la directora del instituto, humor erótico y fan incondicional de la revista de moda ELLE.


Los/as que me conocéis bien, quizás encontráis cierto parecido con alguien: si he comenzado por aquí será por algo. Dejamos a un lado los libros y comenzamos a utilizar casi del mismo modo la colección de ELLEs francesas que Sílvia tenía. No hace falta que diga que no hay libro que recuerde con más cariño que esas revistas. El vocabulario se centraba en el mundo de la moda, las lecturas eran entrevistas a grandes celebridades: todas las destrezas lingüísticas del planning del libro comenzaron a girar entorno a este libro sagrado de la moda...

En fin, des de entonces mi aprendizaje del francés fue mucho más formal: cursos intensivos en la Escuela Oficial de Idiomas (EOI), universidad, etc. y sin el uso de ningún libro. Eso sí, siempre con fotocopias y escribiendo como si no hubiese mañana.

CONTINUARÁ...

domingo, 22 de abril de 2012

En busca de los libros malditos


Bueno, “Hola” una vez más. Acabo de rescatar mis libros de cuando comencé a estudiar las diferentes lenguas que hablo y, la verdad, me he sentido como Indiana Jones, pero sin un sombrero tan chic. Primero apartar todos los obstáculos que cubrían la caja donde se encontraban los libros ̶ estufas, zapatos viejos, más cajas... ̶ , después encontrar una escalera lo suficientemente alta como para poder llegar al fondo y parte más alta del armario empotrado de la habitación de mis padres y, finalmente, sacar libro a libro. Cabe comentar, que en la última fase del rescate he estado apunto de cortarme las venas y no precisamente de forma voluntaria ̶ el borde de la caja era dentado, mi piel muy sensible y ahora mismo tengo el borde de la caja marcada por todo el brazo ̶ .

En fin, sigamos con lo planeado. Una cosa bastante curiosa es que la mitad de los libros que he encontrado tienen alguna partícula tipo “Super”, “Mega”, “Ultrahipertotal”, etc. ̶ este último es ficticio, obviamente ̶ . También me he dado cuenta de que yo recordaba escribir bastante más, pero los libros no contienen casi ningún tipo de ejercicio de producción escrita: todos son cuentos y entrevistas, entre otros. Pero no os asustéis, también he encontrado muestras de como escribía durante los tiempos antiguos ̶ aquellos que parecen cirílico o jeroglíficos, no se si os acordáis ̶ .

jueves, 12 de abril de 2012

Métete una plantilla en la boca

Hola, ¿qué tal estás? Yo bien, sentado delante de un ordenador intentando redactar la entrada de este blog. Se supone que debo hablar sobre como comencé a hablar, a aprender los diferentes idiomas que hablo —o que intento hablar— y varias cosas por el estilo. Una de las preguntas que se nos han propuesto dice que si nos acordamos de la primera palabra que dijimos y, la verdad, en mi caso la respuesta es negativa —seguramente el tuyo también—.

Algo que sí recuerdo es la primera palabra que escribí: mi nombre. Bueno, realmente, mi nombre completo es “Francisco Javier” y, como comprenderás, a un niño de dos años no le harán escribir el primer día un nombre con cierto aire de culebrón venezolano. La primera palabra que escribí, concretamente, fue “Xavier”. Recuerdo que la profesora nos dio a toda la clase una plantilla con nuestro nombre y un papel bastante transparente para poder calcar el nombre. Después de esto, comencé a escribir más y más, pero poco a poco. Con el tiempo comencé a escribir en otros idiomas: castellano, inglés, francés… Un momento… comencé a escribir en catalán, pero yo ya hablaba castellano… ¿Se supone que mi madre, justo después de haberme parido, me metió una plantilla en la que estaba mi nombre escrito, dentro de la boca?

Total, dejando a un lado las cosas que nos meten y dejan de meter en la boca y siguiendo con el guión casi estricto de la entrada, el castellano y el catalán los aprendí informalmente —los que me habéis escuchado hablar, seguramente penséis que demasiado informalmente en el caso del castellano— y el resto de lenguas formalmente —hablando a grandes rasgos—. Obviamente, el alfabeto de las cuatro lenguas que he comentado es el mismo: el latino, aunque en algunos casos mi letra haga que esto se pueda poner en duda. Ha sido tachado de jeroglífico, cirílico e incluso árabe; pero lo dicho, que es latino.

En fin, que después de toda la vida hablando y estudiando castellano y catalán, más de diez años estudiando inglés y alrededor de cinco años intentando hacer que hablo algo de francés; lo único que he conseguido es certificar un nivel C1.2 de inglés con el CAE y pretender un B1 en francés. Pero bueno, lo que importa es la intención —o eso dicen— e intentaré dejar de pretender cosas en francés y quien sabe... quizás comience a escribir algo en cirílico.